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Comprender cómo afecta el coronavirus a los niños es vital para ralentizar la pandemia de COVID-19

Aunque el coronavirus, por el momento, no parece afectar a niños, los investigadores advierten que es de crítica importancia comprender cómo este virus afecta a los más pequeños para hacer un modelo preciso de la evolución de la pandemia, limitar su propagación y asegurar que los niños reciben el tratamiento necesario.

Tales son las ideas presentadas en un artículo publicado en la revista Pediatrics por investigadores de la Universidad de Virginia (EE. UU.). También advierten que un pequeño porcentaje de los niños infectados experimentan síntomas de gravedad, en particular bebés y niños de corta edad. “Muchas enfermedades infecciosas afectan a los niños de forma diferente que a los adultos. Comprender estas diferencias puede proporcionarnos importante información”, afirman los autores. “Probablemente, esto también es válido para COVID-19”.

Los investigadores también señalan que los niños con mayor riesgo de complicaciones por COVID-19 son aquellos de más corta edad, tienen el sistema inmunitario debilitado, o tienen problemas de salud pulmonar. Por otra parte, la presencia de otras infecciones virales en cerca de dos tercios de niños con coronavirus hace muy difícil evaluar el verdadero impacto del covid-19 en estos. Por tanto, aunque todavía ignoramos mucho sobre el virus, los autores del estudio advierten que los niños, incluso aquellos que sean asintomáticos, podrían estar jugando “un papel importante” en la transmisión del covid-19, y citan un estudio que demuestra que el virus permanece en muestras fecales de niños semanas después del diagnóstico. Esto, combinado con otras vías de transmisión (secreciones nasales) plantea un desafío importante para las familias de los niños infectados.

Dado que muchos niños infectados con COVID-19 tienen síntomas leves o son asintomáticos, es importante cumplir las medidas de distanciamiento social, higiene y otras precauciones recomendadas por las autoridades sanitarias para minimizar la transmisión desde los niños a otras personas, entre las que se incluirían personas en mayor riesgo de infección, como por ejemplo abuelos o personas con enfermedades crónicas”. Por otra parte, subrayan los autores, comprender “en qué afecta de forma diferente” la infección a niños y a adultos puede ayudarnos a comprender la enfermedad y por tanto a diseñar métodos para tratarla o prevenirla.