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Quiero ser donante de riñón en vivo: ¿qué tengo que saber?

  • España es el primer país en trasplantes a nivel mundial, posición que ostenta desde hace 24 años y que permite que los ciudadanos españoles sean los que más posibilidad tengan de recibir un trasplante si lo necesitan.
  • Aunque la técnica del donante en vivo para el trasplante renal no es la más utilizada, sí tiene un papel importante cuando el receptor es alguien de la familia del donante.
  • El nefrólogo de Doctoralia José María Graña, explica qué requisitos ha de cumplir un donante de riñón en vivo y qué caracteriza esta operación.

Barcelona, 27 de febrero de 2017.- Nada más y nada menos que 24 años hace que España es el país líder en trasplantes en todo el mundo. Según los datos de la Organización Nacional de Trasplantes, el año pasado los españoles superaron su propio record al alcanzar más de 43 donantes por millón de población, convirtiéndose así en el grupo poblacional que más posibilidades tiene en el mundo de acceder a un trasplante si lo necesita. A nivel general cada vez estamos más concienciados de la importancia que tiene este gesto a la hora de salvar vidas.

Con motivo del Día Nacional del Trasplante hoy 27 de febrero, desde Doctoralia vamos a desgranar qué hay saber si se quiere ser donante de riñón en vivo, una técnica aún poco extendida pero alrededor de la cual cada vez existen menos tabúes y riesgos tanto para el donante como para el trasplantado.



¿En qué consiste el trasplante en vivo?

Existen dos tipos de trasplante de riñón: el de donante vivo y el de donante cadáver. Actualmente se realizan más trasplantes de donante cadáver, aunque con el paso de los años la proporción de donantes en vivo ha ido creciendo poco a poco. Y es que esta opción suele ser la elegida cuando un paciente necesita un trasplante renal y uno de los miembros de su familia es compatible.

Esta técnica, tal y como explica el Dr. José Maria Graña, nefrólogo de la Clínica San Martín de Valencia y experto de Doctoralia, consiste en realizar una nefrectomía, o lo que es lo mismo, la extracción del riñón del donante, por laparoscopia, para después implantarlo en el receptor. “En términos generales, esta técnica se recomienda porque tiene un buen pronóstico de supervivencia del injerto (riñón) a largo plazo, más aún que si el donante es cadáver”, comenta el Dr. Graña.

La operación suele durar entre 30 y 60 minutos, siempre que no haya complicaciones, y el postoperatorio suele ser, para el donante, satisfactorio, dado que la recuperación acostumbra a ser rápida y sin secuelas.


Requisitos para el donante de riñón en vivo

Aunque comenta el Dr. Graña que esta operación no presenta más complicaciones de las derivadas de cualquier cirugía, sí hay unos requisitos que debe cumplir la persona que quiere ser donante vivo. “En primer lugar, es indispensable realizarse un chequeo médico completo, repasando la historia clínica, los hábitos de vida y los antecedentes familiares para establecer si su estado de salud es el adecuado tanto para someterse a la operación como para ser donante. Es lo que se conoce como anamnesis completa, y sobre todo se revisan factores de riesgo cardiovascular, diabetes mellitus, hipertensión arterial, obesidad y litiasis renal, entre otros”, explica el experto.

Posteriormente se realiza una analítica completa en la que, además de los marcadores habituales, se estudia el grupo sanguíneo, el perfil lipídico y hepático, el ácido úrico, las hormonas de la tiroides y la presencia de virus como el VIH. Asimismo se realiza una ecografía abdominal y una radiografía de tórax, para descartar posibles anomalías. En el caso de personas fumadoras o que consumen alcohol de forma habitual pueden justificarse exploraciones adicionales.

Si estas pruebas resultan correctas, no hay problema en realizar la donación. Sin embargo hay casos en que está contraindicada la operación: “dar positivo en VIH, VHB o VHC, padecer obesidad, haber sufrido litiasis renal hace menos de 5 años, tener diabetes mellitus o presencia de proteínas en la orina superior a lo recomendado, lo que se conoce como proteinuria”, explica Graña.

 

La salud psicológica y los vínculos afectivos también son claves

En la mayoría de casos de trasplantes en vivo existen vínculos afectivos, pues suelen estar protagonizados por familiares (pareja, padres, hijos…). Aunque las dos partes se muestren a favor de la operación y las pruebas clínicas sean positivas, “debe quedar reflejado judicialmente que no existe ninguna contraprestación económica ni ningún tipo de transacción relacionada con la relación”, comenta Graña.

 

También merece especial atención el estado psicológico de ambas partes, ya que de existir algún trastorno psicológico o psiquiátrico se desestima la intervención si se demuestra que el donante no está en plenas facultades mentales de tomar la decisión y el receptor, de cumplir con las pautas terapéuticas posteriores.

 

Y después de la donación, ¿qué?

Después de someterse a la intervención el donante no tiene que seguir unas pautas específicas salvo seguir teniendo hábitos de vida saludables. Sin embargo, un punto a tener en cuenta que indica el Dr. Graña es el de vigilar la ingesta de sal, pues “el donante se vuelve monorreno, es decir, pierde una parte de su función renal al tener menos negronas por el trasplante”. Por este motivo también deberá controlar más los factores de riesgo cardiovascular, asegurar una ingesta de agua adecuada y realizar ejercicio físico moderado de forma regular.