Enfermedades

Posible avance decisivo en la lucha contra la resistencia a los antibióticos

La ciencia podría haber descubierto el primer nuevo antibiótico en 25 años. El compuesto, denominado teixobactin, se ha demostrado seguro en experimentos con ratones y puede combatir patógenos que han adquirido resistencia a todos los tratamientos disponibles. Aún más importante: el nuevo antibiótico emplea un nuevo mecanismo que abre nuevas vías de investigación de antibióticos.

La resistencia a los antibióticos: un problema cada vez más urgente
Se trata de un descubrimiento muy necesario en la lucha por crear nuevos antibióticos que superen el problema de la resistencia creciente a los fármacos antibióticos. Aunque el nuevo compuesto se ha demostrado seguro y efectivo en ratones, serán necesarios estudios adicionales antes de poder experimentar y demostrar su eficacia en personas. El descubrimiento de un nuevo tipo de antibiótico, denominado teixobactin, fue anunciado recientemente en la revista Nature. Este nuevo compuesto fue descubierto tras analizar 10.000 cepas bacterias procedentes del suelo. Si todo va según lo esperado, dentro de dos años comenzarán los ensayos clínicos con personas, que se prolongarán durante dos o tres años más.

Los antibióticos, fabricados y distribuidos en masa a partir de mediados del siglo pasado, transformaron la medicina. No obstante, su uso masivo indiscriminado ha hecho que, por un proceso de selección natural, las bacterias hayan mutado, adquiriendo nuevos genes que les hace cada vez más resistentes a los antibióticos. Por otra parte, la investigación de antibióticos por parte de las grandes farmacéuticas se ha estancado. Una de las claves de que no aparezcan nuevos antibióticos son los modelos de negocio de la industria: si en la actualidad apareciera un nuevo fármaco cardiovascular innovador, generaría decenas de miles de millones beneficio. Pero si apareciera un nuevo fármaco antibiótico de gran eficacia, lo reservaríamos para los más enfermos, para aquellos casos que no responden a los antibióticos disponibles en la actualidad, con lo que se vendería en modestas cantidades. Es decir, no justificaría la inversión de tiempo y dinero. En otras palabras: los antibióticos, hoy por hoy, no son un negocio para la industria farmacéutica. Las perspectivas de mercado son extraordinariamente limitadas para antibióticos innovadores, y todo ello por excelentes razones de salud pública. Este problema, el de la resistencia a los antibióticos, constituye una de las amenazas más significativas para la salud global a la que nos enfrentamos en la actualidad.

El 99% inexplorado
Aproximadamente el 80% de todos los antibioticos derivan de microbios u hongos presentes en el medio ambiente; el resto son sintéticos. Pero de todos los microbios que existen en la naturaleza, tan sólo un 1% puede ser cultivado en laboratorio. Esto quiere decir que hasta ahora los científicos han sido incapaces de estudiar este vasto reservorio de bacterias “no cultivadas” en busca de nuevos antibióticos.

Para poder analizar el 99% inexplorado, los científicos emplearon un dispositivo diminuto, denominado iChip. Es una pequeña placa con varios centenares de diminutas celdas. En cada una de las celdas se deposita una bacteria y se coloca bajo tierra el iChip. Una vez bajo tierra, las bacterias crecen de forma natural, formando colonias. Las colonias así desarrolladas son colocadas a continuación en una placa de Petri y superpuestas con una bacteria tipo estafilococo. Al cabo de un tiempo, si se detecta una zona vacía en la placa de Petri, significa que la colonia está desarrollando un antibiótico que evita el crecimiento del estafilococo en la capa superior.

Tras analizar 10.000 cepas empleando este método, los investigadores hallaron una substancia que parecía ser especialmente potente. En varios ensayos, algunos de ellos con ratones, la nueva substancia, denominada teixobactin, se demostró efectiva contra bacterias causantes de ciertos tipos de neumonía, tuberculosis y SARM (Staphylococcus Aureus Meticilino Resistente). Los animales no sufrieron efectos secundarios de importancia. No obstante, el teixobactin no resultó ser efectivo contra la mayoría de cepas de ciertos tipos de bacterias denominadas “gram negativas” que pueden ser especialmente difíciles de tratar con los antibióticos disponibles. Entre estas bacterias se incluirían las causantes del cólera, la gonorrea y de diversos tipos de intoxicaciones alimentarias.

El teixobactin elimina las bacterias ligándose a múltiples dianas y provocando lisis, o ruptura de las paredes celulares de las bacterias. Según los autores, este mecanismo de múltiples dianas sugeriría que los patógenos podrían necesitar muchas décadas para poder desarrollar resistencia, lo cual resulta especialmente interesante.

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